El misterio de los cráneos de cocodrilo perdidos

Un equipo de investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y de la República Checa y Eslovaquia describe los primeros restos del cocodrilo extinto Diplocynodon ratelii procedentes del centro de Europa. Los fósiles aparecían mencionados en un artículo científico de 1882, pero su rastro se perdió hasta que un hallazgo casual en Austria permitió analizarlos. El estudio, publicado en la revista Comptes Rendus Palevol, confirma la presencia de esta especie en la República Checa durante el Mioceno. Los investigadores han reconstruido el camino que recorrieron los fósiles.

Los restos de Diplocynodon ratelii consisten en dos cráneos que representan la primera evidencia de esta especie en la República Checa hace unos 19 millones de años. Se trata de un aligatoroideo de tamaño pequeño (de unos dos metros de longitud) que hasta el momento solo se había identificado en los yacimientos de Els Casots (Subirats, Catalunya) y de Saint-Gérand-le-Puy (Francia). Vivía en ecosistemas húmedos (lagunas, charcas y lagos) rodeados de bosques de ribera en los que se alimentaba principalmente de tortugas, peces, anfibios y pequeños mamíferos.

Distintas vistas de uno de los dos cráneos de Diplocynodon ratelii de Tušimice (República Checa), junto con el dibujo incluyendo los huesos y estructuras craneales más importantes.

En la actualidad, los aligatoroideos habitan en América y Asia oriental, pero eran frecuentes en Eurasia hace millones de años. “El género Diplocynodon estaba ampliamente distribuido por Europa desde hace unos 57 millones de años hasta hace 15”, comenta Àngel H. Luján, principal autor del estudio y investigador de la Masaryk University y asociado al Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP). Durante el Mioceno Superior, Diplocynodon se restringió al sur de Europa en busca de refugios donde las condiciones climáticas no fueran tan severas, hasta que finalmente se extinguieron debido a un enfriamiento global del clima.

Un feliz y casual hallazgo

La investigación sobre los restos de Diplocynodon ratelii de Chequia es, en realidad, fruto de una casualidad. “Una de las cosas más agradecidas de ser paleontólogo es que a menudo viajas a otros países para poder ver colecciones paleontológicas”, comenta Luján. En el año 2016, el investigador comenzaba su etapa postdoctoral en Masaryk University (Brno, Rep. Checa), y dado su cercanía a Austria, aprovechó para visitar las colecciones del Institut für geologische Wissenschaften (IGUW, Universidad de Viena). “Entre los cajones de la colección encontré dos cráneos parciales de cocodrilo que, al parecer, nunca se habían estudiado”, cuenta Luján.

“Lo único que se sabía con toda seguridad es que los fósiles procedían de la zona de Bohemia, en la República Checa, y que habían sido cedidos a Viena antes de la II Guerra Mundial”, comenta el investigador del ICP. Los restos estaban identificados como pertenecientes al género Diplocynodon. “Pero... ¿Quién había encontrado estos cráneos? ¿Quién los había cedido al IGUW? Y lo más importante ¿Por qué nadie se había interesado en estudiarlos?”, se preguntó el investigador.

Para resolver este enigma los investigadores que firman el artículo se pusieron a recabar toda la información posible acerca de los fósiles. Al indagar en la hemeroteca, dieron con una publicación de Heinrich Becker de 1882 que había pasado desapercibida para todos los paleontólogos, la cual tenía la clave para resolver la procedencia de los cráneos. Becker fue el responsable de la geología de la mina de carbón de Josef-Oswald (Rep. Checa). Recolectó muchos de los cocodrilos fósiles del área de Bohemia para luego ofrecérselos a Dionýz Štúr, un pionero de la paleontología eslovaca de finales del siglo XIX, para que fueran identificados y estudiados. “Es muy probable que los cráneos de Diplocynodon siguieran este recorrido”, cuenta Luján. Sin embargo, Štúr nunca llegó a estudiarlos y los depositó definitivamente en Viena. Y allí permanecieron hasta que el investigador del ICP dio con ellos.

El área de Bohemia contiene bastantes depósitos de carbón ricos en restos de reptiles fósiles, siendo las cuencas de Most y Sokolov (noroeste de Bohemia) del Mioceno inferior las que más restos de cocodrilos han proporcionado. Para acabar de confirmar la localidad de los cráneos de cocodrilo, los investigadores también llevaron a cabo otros estudios complementarios con los restos de carbón recuperados de ambos cráneos.

La presencia de cocodrilos en la República Checa se explica gracias a que, durante el Mioceno Climático Óptimo, Europa central presentó una humedad y temperaturas muy elevadas, que son las condiciones óptimas para grandes reptiles ectotérmicos, como los aligatoroides. En particular, Diplocynodon necesitaba cuerpos de agua permanentes para vivir y una temperatura media relativamente alta (no menos de 14.2 ° C).

Imagen principal: Recreación de Diplocynodon ratelii (Oscar Sanisidro / Ajuntament de Subirats).

Artículo original: Luján, À. H., Chroust, M., Čerňanský, A., Fortuny, J., Mazuch, M., & Ivanov, M. (2019). First record of Diplocynodon ratelii Pomel, 1847 from the early Miocene site of Tušimice (Most Basin, Northwest Bohemia, Czech Republic). Comptes Rendus Palevol. doi: https://doi.org/10.1016/j.crpv.2019.04.002

Last modified on Jueves, 05 Diciembre 2019 13:50
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